otra manera de aprender

Una infanciacon tiempo paraflorecer

En los primeros años se construyen las bases para toda la vida. En el juego, el movimiento y los encuentros cotidianos crecen la confianza, la imaginación y las ganas de aprender. En Los Farolitos cuidamos esas primeras experiencias con maestras atentas, naturaleza y tiempo para descubrir.

El edificio, el domo y el espacio exterior de Los Farolitos

Dos propuestas para acompañar la infancia

Cada momentode la infanciapideuna forma distinta de aprender

Al crecer, cambian las preguntas, los intereses y las maneras de descubrir el mundo. También cambia lo que los niños necesitan de quienes los acompañan.

En Los Farolitos ofrecemos un Jardín de Infantes para niños de 2 a 5 años y Talleres de Arte y Naturaleza para quienes ya asisten a la primaria. Cada propuesta encuentra su forma de reunir el juego, la imaginación y el aprendizaje, atendiendo a ese momento de la infancia.

Primera infancia

Jardín de Infantes

Una mañana de juego, cuentos, canciones y descubrimientos al aire libre. Los niños amasan, construyen, crean y participan de pequeñas tareas compartidas. Las maestras ofrecen un ritmo cotidiano que alterna movimiento y calma, y acompañan a cada niño mientras gana confianza para explorar, hacer por sí mismo y encontrar su lugar en el grupo.

Ciclo 2026
Sala multiciclo de 2 a 5 años
Días y horario
Lunes a viernes · 8 a 12
Proyección 2027
Un grupo de 1 y 2 años y otro de 3, 4 y 5, sujetos a matrícula
Consultar por el Jardín

Para niños y niñas que asisten a la primaria

Talleres de Arte
y Naturaleza

Un espacio fuera del horario escolar para explorar el arte y la naturaleza junto a otros. Cada niño puede probar, descubrir sus capacidades y aportar algo propio a una creación compartida.

Los talleres son también una semilla de la futura primaria Waldorf que queremos construir junto a nuevas familias.

Díasmartes y juevesHorario17:30 a 19:30
Consultar por los talleres

Jardín de Infantes

Aprender vivenciando

En los primeros años, aprender no comienza con una explicación. Comienza en el cuerpo, en los sentidos y en la participación. Los niños observan cómo un adulto amasa, ordena, prepara la mesa, cuida una planta o repara algo; luego transforman esos gestos en juego, iniciativa y capacidad propia.

Por eso las maestras no sólo indican actividades: realizan tareas verdaderas, cuidadas y comprensibles, dignas de ser imitadas. El modo de hablar, moverse, tratar los objetos y encontrarse con los demás también forma parte de lo que el niño recibe.

Al crear y colaborar, cada niño compromete cuerpo, sensibilidad e imaginación, y reconoce que su presencia tiene valor para los demás.

El ritmo da forma al día de una manera previsible y viva. Hay momentos para correr y explorar, y otros para reunirnos alrededor de la mesa, escuchar un cuento o trabajar con las manos. El juego libre y las propuestas compartidas, el movimiento y la quietud encuentran su lugar en la jornada.

También permite experimentar que cada momento invita a algo diferente: hacer y escuchar, salir al encuentro del mundo y volver hacia uno mismo. En esa respiración cotidiana crecen la confianza, la autonomía y una relación más orgánica con el tiempo.

En el último año del Jardín, un taller de transición acompaña el pasaje hacia la primaria. Atendemos a la maduración de cada niño y ofrecemos experiencias que lo ayudan a prepararse, con confianza y alegría, para una nueva manera de aprender, sin adelantar los contenidos de la escuela.

Niños explorando el color alrededor de una mesa
Experiencias con la tierra y el tejido

Talleres de Arte y Naturaleza

Crear, explorar y encontrarse

Un niño construyendo un barrilete durante un taller

Los talleres ofrecen un tiempo para detenerse a percibir, dar lugar a una idea y descubrir cómo realizarla. Buscamos reequilibrar pensar, sentir y hacer, ofreciendo a cada dimensión un espacio que acompañe el desarrollo de los niños.

Una imagen, un relato, una pregunta o un hallazgo en la naturaleza abre cada encuentro. Desde allí comienza la exploración: elegir materiales, probar posibilidades, encontrar dificultades y ensayar otros caminos. Hay tiempo para perseverar y también para sorprenderse con algo que no estaba previsto.

Cada niño participa con su manera de observar, imaginar y hacer. Nos interesa lo que descubre durante el proceso, la confianza que va construyendo y lo que puede aprender junto a sus compañeros. Las creaciones guardan las huellas de esos recorridos diferentes. Cuidar los materiales y compartir los hallazgos forman parte del encuentro.

Vení a conocernos

¿Sentís que puede ser
el lugar para tu familia?

Esperamos tus preguntas. Una visita es una oportunidad para recorrer el lugar, conocer a las maestras y conversar sobre tu hijo o hija. Queremos escuchar qué buscan como familia y contarles cómo es un día en Farolitos.

Coordiná una visita
Familias y equipo reunidos en Los Farolitos

Nuestra mirada

Educar es preparar el entorno
y reconocer qué necesita cada niño

Cada niño llega con una manera propia de acercarse al mundo: capacidades, intereses, tiempos, preguntas, fortalezas y aspectos que todavía están creciendo. La pedagogía comienza, para nosotros, en aprender a mirar esa singularidad.

Preparamos los espacios, elegimos los materiales y damos forma a la jornada. También cuidamos los vínculos: cómo recibimos, qué proponemos, cuándo esperamos y cómo ponemos un límite.

Desde la pedagogía Waldorf buscamos que pensar, sentir y hacer se desarrollen armónicamente. Que los niños puedan involucrarse en lo que aprenden: moverse, imaginar, emocionarse, ensayar y comprender. Acompañarlos requiere una presencia adulta que dé orientación y deje espacio para la iniciativa.

Juego con telas, lanas, maderas y otros materiales en la sala

Cómo acompañamos a cada niño

Mirar al niño
integralmente

Observar es una parte esencial de nuestra tarea. Nos detenemos en cómo cada niño juega, se expresa, se mueve y encuentra su lugar entre los demás. Describir antes que definir nos ayuda a conocerlo sin reducirlo a una conducta, una dificultad o un logro.

En el juego, los gestos cotidianos y el encuentro con otros, los niños desarrollan maneras de moverse, sentir, relacionarse y aprender. Son capacidades que seguirán creciendo con ellos. En un tiempo de tantas experiencias mediadas por pantallas, cuidamos especialmente el encuentro directo con las personas, los materiales y la naturaleza.

Niños participando de una actividad cotidiana con sentido

El niño aprende de la vida que encuentra

El ejemplo del adulto educa: la atención con que realiza una tarea, su manera de hablar y el cuidado que pone en sus gestos ofrecen al niño una referencia viva.

Niños construyendo juntos dentro de un marco de juego confiable

Un marco confiable para desplegarse

Ritmos, hábitos y límites claros brindan orientación.

Hablamos de un ritmo vital: la alternancia entre movimiento y quietud, entre encuentro con los otros y regreso hacia uno mismo. Los gestos que vuelven a lo largo del día, la semana y el año dan continuidad a la experiencia. Las épocas y las celebraciones acompañan los cambios de la naturaleza y de la vida comunitaria: el día y el año también «respiran».

Dentro de esa forma, el juego, la iniciativa y la singularidad encuentran espacio para crecer.

Un niño trabajando una pieza de madera con lija

Hacer, intentar, volver a empezar

Durante los primeros siete años, la voluntad encuentra un camino de desarrollo en el movimiento, el juego y la participación cotidiana. Transportar una madera, amasar o volver a levantar una construcción invitan al niño a desplegar sus fuerzas y descubrir lo que puede hacer.

Ofrecemos tiempo, tareas con sentido y un acompañamiento que permita tomar iniciativas, sostener una acción y volver a intentar.

Niños aprendiendo con el cuerpo y los sentidos en la naturaleza

Cuidar los sentidos, abrir el conocimiento

En el niño pequeño, los órganos sensoriales están plenamente abiertos al mundo, y es a través de ellos que el niño descubre las cualidades de ese mundo y de su propio cuerpo. El peso de una piedra, la tibieza del agua o el sonido de una voz ofrecen experiencias que aprende a distinguir y relacionar.

Cuidamos también la intensidad de lo que lo rodea. Los ambientes calmos, las voces serenas y los tiempos de silencio ofrecen pausas para descansar y recuperar la atención.

Teatro de mesa preparado como experiencia artística para los niños

El arte de la pedagogía

No sólo importa qué hacemos, sino cómo llega cada experiencia: con ritmo, imágenes, belleza y una relación viva entre hacer, sentir y comprender.

El niño y su momento de desarrollo orientan nuestra tarea. Los contenidos y las propuestas cobran sentido al encontrarse con sus preguntas, sus capacidades y aquello que necesita desplegar. Observarlo nos ayuda a elegir qué ofrecer, cómo y cuándo.

En ese encuentro, la educación se vuelve un arte: preparar con intención y, a la vez, escuchar lo que sucede para ajustar un gesto, una historia o una actividad. La planificación ofrece un rumbo; la presencia del educador le da vida.

Una maestra comparte un libro con los niños

Imaginar para jugar, crear y comprender

En el primer septenio, la imaginación nace del movimiento, los sentidos y la imitación: una tela se vuelve casa y una madera, barco. El juego libre permite transformar lo vivido y crear algo propio.

En el segundo septenio, los relatos, las imágenes y el arte abren nuevos caminos para comprender, reuniendo pensamiento, sensibilidad y acción.

En el Jardín y los Talleres ofrecemos tiempo, materiales y propuestas adecuadas al momento de desarrollo, dejando espacio para lo que cada niño puede imaginar y descubrir.

El equipo pedagógico

Los desafíos de educar
nos piden aprender y transformarnos

«A través de la bondad, la fuerza interior y la atención amorosa de los adultos, los niños desarrollan confianza, empatía y la capacidad de tratar a los demás con atención plena»
Philipp Reubke · Sección Pedagógica del Goetheanum
Leer el artículo en Recursos

La formación de un maestro continúa en el encuentro con los niños. Cada jornada trae preguntas que invitan a estudiar, afinar la observación y revisar la propia manera de enseñar.

El equipo cuenta con titulación docente oficial y una formación específica de cuatro años en pedagogía Waldorf. Ese recorrido se profundiza en el estudio compartido y el trabajo artístico: ejercitar la escucha, explorar el color o dar forma a un material también invita a los educadores a cultivar su sensibilidad y descubrir nuevas posibilidades para su tarea.

El Jardín y los Talleres cuentan con una tutora pedagógica que participa regularmente de la reunión semanal. Junto al equipo, observa el andar de los grupos, ayuda a comprender el recorrido de cada niño y acompaña la revisión de las decisiones educativas.

El estudio y el intercambio del equipo se traducen en decisiones concretas para la jornada. Sostener esta formación continua requiere tiempo, atención y disposición para seguir aprendiendo y transformarse.

La música está a cargo de un tallerista con formación en Pedagogía Musical Waldorf y forma parte de los encuentros, las transiciones y la vida comunitaria.

Acuarela realizada en la formación pedagógica
Encuentro de formación del equipo en ronda
Cajonera decorada con pinturas de aves y un nido
Estudio dibujado de perspectiva y percepción del espacio
Caballo artesanal de lana sobre el pasto
Cajones pintados con escenas de la luna y el sol
Estudio geométrico de un cubo con una figura naranja en su interior
Figura artesanal de lana con aves sobre el pasto
Escena con figuras de lana, una oveja y elementos naturales
Duende tejido y hada de lana con lavanda

Una escuela que hacemos juntos

Entre todos formamos
la comunidad

La comunidad de Los Farolitos reunida al aire libre

Los niños también aprenden de lo que sucede entre los adultos: cómo nos escuchamos, colaboramos y cuidamos aquello que compartimos. El encuentro entre familias y maestros forma parte de su experiencia educativa.

Las conversaciones, las celebraciones y las jornadas de trabajo compartido van tejiendo esa relación. Cada familia encuentra su manera de participar, en diálogo con sus posibilidades y con las necesidades del proyecto.

Hoy invitamos también a quienes quieran sumarse a la construcción de la futura primaria Waldorf o acompañar el sostenimiento de Farolitos con un aporte económico.

Nuestra identidad

Una iniciativa local,
parte de un movimiento mundial

Niños con sus faroles encendidos durante una celebraciónUn niño acompaña la celebración con su farol

El Jardín de Infantes Los Farolitos es una institución educativa oficial de la Provincia de Buenos Aires, registrada con el número DIEGEP 8895. Su entidad propietaria es Doce Sentidos Asociación Civil, una organización sin fines de lucro. El impulso se sostiene con el aporte y el trabajo de todos los que formamos parte, donaciones y eventos para generar recursos económicos.

Integramos la Red de Escuelas Waldorf de Argentina y somos parte de la Lista Mundial Waldorf de IASWECE, la asociación internacional dedicada a la educación Waldorf de la primera infancia.

Estos vínculos abren espacios de formación e intercambio con otras comunidades y acompañan el cuidado de nuestra tarea educativa.

Admisiones e inscripciones

Todo encuentro comienza
con una conversación

Elegir un espacio educativo es imaginar una parte de la vida de tu hijo o hija: los vínculos que encontrará, las experiencias que lo esperan y cómo se sentirá allí. Queremos escuchar tus preguntas, conocer qué necesitan como familia y compartir nuestra propuesta, para que puedan decidir con confianza.

Jardín de Infantes · ciclo 2026

Una sala
de 2 a 5 años

Niños de distintas edades comparten una misma sala. El Jardín funciona de lunes a viernes, de 8 a 12, y recibe inscripciones durante todo el año, según disponibilidad.

Proyección 2027

Crecer con
nuevos grupos

Las inscripciones para 2027 están abiertas. Proyectamos un grupo para niños de 1 y 2 años y otro para niños de 3, 4 y 5. La apertura de cada grupo estará sujeta a la matrícula; acercarte con tiempo nos ayuda a organizar esta nueva etapa.

Proyección 2027 · Talleres

Arte y naturaleza

Para niños y niñas que asisten a la primaria. Ofrecemos encuentros los martes y jueves, de 17:30 a 19:30. Para sumarse al ciclo 2027, podés consultar por los talleres y contarnos la edad de tu hijo o hija.

01

Escribinos

Contanos la edad de tu hijo o hija y cuál de las propuestas te interesa.

02

Conozcámonos

Coordinamos una conversación y una visita para que puedan conocer el lugar, a las personas y nuestra manera de trabajar.

03

Preparemos el comienzo

Conversamos sobre la disponibilidad, las necesidades del niño y una forma de ingreso gradual que lo ayude a construir confianza.

La pedagogía Waldorf

Una historia centenaria,
un gesto humano para nuestro tiempo

Niños compartiendo una experiencia al aire libre

En 1919, en una Europa marcada por la guerra, nació en Stuttgart la primera escuela Waldorf. La impulsaba una esperanza: que la educación pudiera contribuir a renovar la vida social.

Su propuesta reunió conocimiento, arte y experiencia práctica, atendiendo a las transformaciones de la infancia. Desde entonces, distintas comunidades han dado vida a esta pedagogía en diálogo con sus culturas, sus paisajes y los niños de cada lugar.

Preguntas frecuentes

Preguntar tambiénes una formade acercarse

Estas son algunas de las preguntas que nos hacen las familias. Si la tuya no está aquí, podés escribirnos.

¿Por qué damos tanta importancia a los primeros años?

A veces pensamos que los años más importantes de la educación llegan después, cuando comienzan la lectura, la escritura, las matemáticas y los contenidos escolares. Sin embargo, muchas de las capacidades que harán posibles esos aprendizajes se están construyendo desde el nacimiento.

En pocos años, el niño realiza conquistas extraordinarias: aprende a erguirse y caminar, entra en el lenguaje, comienza a pensar, organiza su cuerpo, construye vínculos y descubre cómo relacionarse con el mundo y con los demás. Difícilmente vuelva a atravesar en otro momento de la vida transformaciones tan intensas y fundantes.

Por eso, nuestra propuesta para estos años pone en el centro el juego libre, el movimiento, el lenguaje vivo, los vínculos estables, el contacto cotidiano con la naturaleza, el ritmo y la participación en tareas reales. No son actividades accesorias ni un tiempo previo al aprendizaje: son experiencias a través de las cuales el niño desarrolla imaginación, atención, coordinación, lenguaje, iniciativa, autonomía, capacidad de relacionarse y confianza en sus propias posibilidades.

Cuando un niño juega durante un tiempo prolongado, ayuda a preparar una mesa, amasa, escucha un cuento, canta, corre, trepa, espera su turno, observa cómo cambia la naturaleza o participa junto a otros de una tarea cotidiana, está construyendo capacidades para la vida, que más adelante sostendrán también el aprendizaje escolar.

Por eso no buscamos adelantar los aprendizajes de etapas posteriores. Dar importancia a los primeros años no significa hacer antes lo que corresponde a la primaria, sino cuidar aquello que necesita desarrollarse plenamente en este momento de la vida.

La infancia temprana no es una sala de espera para la educación que vendrá después. Es el tiempo en que se ponen muchas de las bases sobre las que esa educación podrá crecer.

¿Por qué las tareas cotidianas también son experiencias de aprendizaje?

Porque permiten participar en acciones con un sentido y un resultado reconocibles: amasar el pan que vamos a compartir, preparar la mesa o cuidar una planta. Los niños descubren cómo se transforman los materiales, coordinan movimientos y asumen pequeñas responsabilidades. Al hacer algo para los demás, también experimentan el valor de su participación.

¿Por qué el juego libre ocupa un lugar tan importante?

En el juego, los niños recrean lo que viven, inventan situaciones, ensayan soluciones y aprenden a encontrarse con otros. Una tela puede convertirse en una casa o en un río: la imaginación da forma a lo que necesitan explorar.

Las maestras cuidan el tiempo, el espacio y los materiales que hacen posible ese juego. Acompañan cuando hace falta y ofrecen límites claros para que todos puedan participar y cuidarse.

¿En el Jardín se enseña a leer y escribir?

No adelantamos aprendizajes formales ni frenamos la curiosidad cuando aparece. Cuidamos las capacidades que más adelante harán posible una alfabetización sólida: lenguaje oral, escucha, memoria, orientación, movimiento, coordinación, motricidad fina, imaginación y deseo de aprender.

Si un niño manifiesta espontáneamente interés por letras o números, lo recibimos con naturalidad, sin convertirlo en una exigencia ni organizar la experiencia del Jardín alrededor de resultados escolares anticipados.

¿Qué lugar tienen el arte y la música?

No son actividades accesorias ni buscan solamente desarrollar creatividad. En la infancia, percepción, movimiento, sentimiento, imaginación y aprendizaje todavía forman una unidad. Canto, música, relatos, acuarela, modelado y trabajo manual cultivan esa totalidad.

Lo artístico también vive en el modo de enseñar: en el ritmo de una jornada, en una imagen que abre una experiencia, en las transiciones cuidadas y en la búsqueda de una relación viva entre movimiento, sentimiento y pensamiento.

¿Por qué se utilizan materiales simples y poco terminados?

Porque una tela, una madera, una piedra, una fibra o la arcilla conservan cualidades reales de peso, temperatura, textura, resistencia y transformación. Al no imponer una única forma de jugar, dejan espacio para que la imagen, el sentido y la iniciativa provengan del niño.

¿Por qué el ritmo es tan importante?

Hablamos de un ritmo vital: la alternancia entre movimiento y quietud, entre encuentro con los otros y regreso hacia uno mismo. Los gestos que vuelven a lo largo del día, la semana y el año dan continuidad a la experiencia. Las épocas y las celebraciones acompañan los cambios de la naturaleza y de la vida comunitaria: el día y el año también «respiran».

¿Qué relación propone Farolitos con las pantallas?

El Jardín y los Talleres son espacios libres de pantallas. Durante los encuentros privilegiamos aquello que sólo puede ocurrir en presencia: movimiento, conversación, juego, vínculo humano, trabajo con materiales e interacción directa con la naturaleza.

También invitamos a las familias a cuidar el uso de pantallas durante la infancia, no desde el temor a la tecnología, sino para preservar el tiempo y las capacidades que los niños necesitan desarrollar antes de utilizarla con mayor autonomía.

¿La escuela Waldorf es una burbuja?

Es una pregunta válida: si cuidamos tanto el ambiente de la infancia, ¿no corremos el riesgo de criar niños poco preparados para el “mundo real”?

Nuestra mirada parte de otro punto de vista. No creemos que un niño se prepare mejor para la complejidad del mundo por estar expuesto antes a todo lo que ese mundo contiene. Hay experiencias para las que primero necesitan conformarse determinadas capacidades. Cuando esas capacidades todavía están naciendo, las condiciones en las que se desarrollan importan.

Por eso cuidamos especialmente algunos aspectos del ambiente educativo: los ritmos, el tipo de estímulos, los vínculos, el tiempo para jugar, el movimiento, las experiencias concretas, el modo en que se presentan los contenidos y aquello que corresponde a cada edad. En muchos aspectos trabajamos de una manera muy diferente de la escuela tradicional, justamente porque organizamos la enseñanza a partir de estas necesidades del desarrollo.

No buscamos construir una realidad perfecta ni evitar dificultades: en la vida cotidiana aparecen conflictos, frustraciones, límites, diferencias, espera, esfuerzo y convivencia con otros.

Además, la escuela es sólo uno de los ámbitos de la vida del niño. Su vida familiar y comunitaria lo vincula con el mundo contemporáneo, con toda su diversidad y complejidad. La escuela no pretende reemplazar esos ámbitos ni aislarlo de ellos.

Lo que intentamos ofrecer durante esas horas es un espacio donde ciertas capacidades puedan madurar suficientemente antes de ser exigidas: seguridad interior, autonomía, imaginación, flexibilidad, capacidad de vincularse, pensamiento y juicio, según la etapa de desarrollo apropiada.

No buscamos hacer una burbuja alrededor del niño. Buscamos darle raíces para que pueda entrar cada vez más profundamente en el mundo sin perderse en él.

¿Los Farolitos es una escuela confesional?

No. Los Farolitos no es una escuela confesional ni enseña una religión determinada.

A lo largo del año celebramos algunas fiestas provenientes de la tradición cristiana —como Pascua, San Juan, Micael y Navidad— porque sus imágenes y gestos nos permiten acercarnos a experiencias humanas profundas: transformarse y renacer; abrirse y entregarse a algo mayor; reunir coraje y actuar; recogerse y hacer lugar para lo que quiere nacer.

Las vivimos a través de relatos, canciones, gestos, preparativos y celebraciones compartidas, no como enseñanza doctrinal, sino como una manera de cultivar en los niños asombro, reverencia y una relación sensible con la dimensión sagrada de la vida.

Lo hacemos respetando las creencias, tradiciones y convicciones de cada familia.

¿Las familias participan de la vida comunitaria?

Sí. Los Farolitos es una comunidad sostenida por una asociación civil. Cada familia puede encontrar una manera posible de participar, acompañar celebraciones y colaborar con el cuidado de este proyecto común.

¿Cómo se acompaña el vínculo con las familias?

Cada familia tiene una entrevista individual al incorporarse. A lo largo del recorrido volvemos a encontrarnos cuando una conversación puede ayudar a comprender y acompañar mejor al niño.

Compartimos observaciones de manera concreta y cuidadosa: no sólo hablamos de dificultades, sino también de intereses, capacidades, vínculos y procesos que están emergiendo. Se realizan además reuniones grupales para conversar sobre la vida de la sala y las preguntas de las familias.

¿Cómo es el período de adaptación?

Ingresar a un nuevo ámbito requiere construir vínculos y confianza. Al comienzo del ciclo proponemos una adaptación gradual y acompañada. Cuando un niño se incorpora durante el año, acordamos con su familia una forma de ingreso que considera su edad, sus necesidades y el modo en que va encontrando su lugar entre los maestros, el espacio y el grupo.

¿Cómo acompañan a cada niño en su individualidad?

Observamos su participación en la jornada para reconocer sus capacidades, intereses y desafíos. Estas observaciones se trabajan en el equipo y se comparten con las familias para acordar cómo acompañar su recorrido.

¿Qué hacen cuando algo le cuesta a un niño?

Buscamos apoyarnos en sus intereses y capacidades, y revisamos qué necesita cambiar en nuestra propuesta o acompañamiento. Cuando hace falta, conversamos con la familia para construir juntos los apoyos adecuados.

¿Por qué es una escuela con un aporte económico importante?

Los Farolitos es una institución de gestión privada y comunitaria. La comunidad se autogestiona: quienes la integramos compartimos la responsabilidad de organizar y sostener la vida de la escuela, mediante los aportes económicos y el trabajo conjunto. Sostener el trabajo de los docentes, los espacios, los materiales, la formación permanente y una propuesta que requiere mucha presencia adulta tiene un costo real.

Sabemos que un aporte económico importante puede hacer que este tipo de educación parezca destinada sólo a determinadas familias. No creemos que las necesidades que buscamos cuidar —tiempo, vínculos presentes, experiencias significativas y una educación atenta al desarrollo integral— pertenezcan a un grupo particular de niños. Por el contrario, pensamos que son valiosas para toda infancia.

El aporte económico permite sostener concretamente esas condiciones. Pero también hay algo propio de un proyecto comunitario: cuanto más crece y se consolida la comunidad, más personas participan en su sostenimiento y más posible se vuelve distribuir tanto el esfuerzo económico como las múltiples tareas que requiere mantener viva una escuela.

Sabemos también que no todas las familias atraviesan las mismas posibilidades económicas en todos los momentos. Cuando el aporte establecido resulta difícil de sostener, buscamos conversar cada situación y construir acuerdos razonables, familia por familia, cuidando al mismo tiempo las necesidades de esa familia y las posibilidades reales del proyecto.

Para nosotros, la accesibilidad económica no es sólo una aspiración: implica conversar, buscar alternativas posibles y revisar acuerdos cuando las circunstancias lo requieren.

¡No dejes de acercarte si te interesa esta forma de educar! Que lo económico no sea un impedimento para conversar y buscar juntos un camino posible.

¿Los talleres de Arte y Naturaleza son una escuela primaria?

No. Hoy son una propuesta extraescolar para niños y niñas que ya transitan la primaria: un espacio semanal de arte, música, movimiento, trabajo manual, naturaleza y encuentro. Al mismo tiempo, estos talleres son el germen de la futura primaria de Los Farolitos. Si te interesa impulsar la futura primaria, podés conocer la comisión de trabajo y sumarte a su construcción.

¿Cómo puedo saber si Farolitos es una propuesta adecuada para mi familia?

El primer paso es conversar. Una visita permite conocer el espacio, comprender el ritmo y compartir las necesidades del niño y de su familia. Desde allí podemos discernir juntos el mejor camino.

Voces de las familias

Lo que permanece
en quienes lo vivencian

Elegimos Los Farolitos porque Augusto es observado en su individualidad: se tienen en cuenta sus talentos, sus cualidades y también sus desafíos; cada conquista es celebrada con mucha alegría. Lo elegimos porque hay ritmo, juego, calma y cuentos, y porque está inmerso en la naturaleza. Vivenciar cada día los regalos de la tierra es una gran virtud del Jardín. Los Farolitos es una gran familia para nosotros, nuestro segundo hogar, y en verdad se siente así. Todos somos parte. Lo elegimos día a día: es el mejor regalo que podemos darle para el resto de su vida.

Familia de Augusto

Nuestro camino comenzó en 2018, cuando todavía no conocíamos la pedagogía. Nos embarcamos confiando y Vicente, junto con cuatro compañeritos, inauguró el Jardín. De a poco nos fuimos enamorando del lugar, del entorno y de esta naturaleza hermosa, mientras aprendíamos el fundamento de cada cosa que hacían. Me encanta cómo comprenden al niño como un ser humano completo e íntegro, cómo respetan su individualidad y sus motivaciones, y cómo desde el amor ponen límites y crean hábitos que vivencian con todos sus sentidos y atesorarán para el resto de su vida.

Familia de Vicente, Emilio y Ramón

Farolitos es un lugar que se siente como estar en el hogar, nos hace vibrar el corazón. Con sus formas amorosas, con sus ritmos marcados que nos dan tanta seguridad, con la mirada atenta, sensible y respetuosa de las seños. Vicente pide siempre la campera antes de salir afuera, colabora con tareas domésticas con entusiasmo, disfruta cocinar y, sobre todo, ama explorar la naturaleza. Eso y más es la huella de Farolitos.

Familia de Vicente

Josefina entró con un año al Jardín y hoy, ya con cinco, transita su último año. Estamos muy contentos de haber elegido este lugar y felices por todos los momentos vividos. Es una gran familia, una comunidad muy unida; siempre decimos que los hijos de los otros son como nuestros. No hay nada más lindo que dejar a tu hija y poder irte tranquilo, sabiendo que va a estar bien y acompañada. Después vuelve de una caminata o embarrada de jugar en un charco. Eso es verla salir con tanta alegría.

Familia de Josefina

Elegí este Jardín porque encontré algo diferente a lo habitual: un espacio de calidez y humanidad, donde mis hijas son bien recibidas todos los días con una sonrisa y un saludo cordial. Tengo contacto directo con las personas que están a cargo de ellas y encontré una comunidad amena, unida y con un trabajo colaborativo. Lo volvería a elegir; de hecho, trabajo a diario para que siga existiendo y creciendo. Lo elijo por la humanidad, la sencillez, el contacto con la naturaleza y, sobre todo, por el amor que reciben mis hijas, que es todo para mí.

Familia de Helena e Inés

La pedagogía no la conocíamos, solo por comentarios, y hoy podemos decir que es hermosa: un estilo de vida que hasta nosotros, los adultos, queremos y vamos adoptando de a poco. Como papás, es el mejor regalo que le podemos dar a nuestro hijo.

Familia de Matías

Al principio no conocíamos nada sobre la pedagogía Waldorf. Poco a poco nos fuimos interiorizando y estamos muy contentos de haber encontrado un lugar maravilloso para mandar a nuestros hijos. ¡Gracias, Los Farolitos!

Familia de Santiago, Jeremías y Benjamín

El enfoque integral que ofrece la pedagogía Waldorf no solo favoreció su desarrollo intelectual, sino también emocional y social. Aprendieron a conectarse aún más con la naturaleza, a trabajar en equipo y a ser más empáticos.

Familia de Hilario y Félix

¡Cuánto amor y dedicación en todo! Ya pasaron varios años de nuestra llegada a Los Farolitos y Paz cursa felizmente tercer grado en una escuela tradicional. Ahora es su hermana pequeña Clara quien asiste al jardín, del cual estamos convencidos de que, junto con nosotros, haremos todo lo posible para colmar su infancia de momentos memorables.

Familia de Paz y Clara

Elegimos Farolitos como familia porque aplica un método que permite a Amparito ser libre, tener un contacto permanente con la naturaleza, fomentar su independencia y creatividad, y establecer lazos fraternales con sus compañeros y maestras.

Familia de Amparo

¡Ay! Me invade el sentir y no sé si puedo poner en palabras lo mucho que representa y significa para nuestra familia. Recuerdo cuando fuimos a conocer el jardín... ¡fue tan mágico ese encuentro! Julia iba a poder descalzarse como lo hace en casa... Algo tan simple nos hizo saber que Los Farolitos sería la continuación de nuestro hogar, de nuestros hábitos y costumbres.

Familia de Julia